Anciano deprimido tras saber que el sexo no se practica una única vez.

Agapito Fuenlabrada descubre en su nonagésimo cumpleaños que el coito se puede tener en más de 1 ocasión durante la vida.

Agapito, muy incómodo después de la noticia

En la tasca de la pequeña aldea vallisoletana de Medina del Glande no se habla de otro asunto más que lo acaecido al pobre Agapito días atrás, hasta el punto de que ya todos parecen haber olvidado la anterior polémica sobre los flirteos de doña Engracia con nuevos diseños del macramé y el BDSM post-marxista. “Este es un pueblo tranquilo donde nos gusta vivir en paz”, nos cuenta el dueño del bar, Don Alfonso Medrano, “A excepción de la gloriosa masacre contra un grupo de turistas británicos del pasado año, aquí buscamos la tranquilidad y el respeto… Ja, ja, cómo gritaban esos cerdos ingleses”, añade provocando la risa cómplice de los demás parroquianos. “La culpa de lo ocurrido con Agapito es de su nieto, que vino a pasar el cumpleaños y provocó esta conmoción que nos tiene algo indignados”, explica el alcalde de la pedanía, Don Paco Pertusa, “Somos personas de mente abierta y progresista, especialmente desde que recuperamos la Santa Inquisición hace 3 meses”, subraya mientras incendia una pira a la que han atado a varios veganos. “Lárgate, tontoelculo, o te cortamos el puto cuello, periodista de mierda”, me increpan varios vecinos, lo que me hace pensar que quizá no les ha resultado adulador que resalte su parecido con cromañones sifilíticos.

Oficina de turismo del pueblo, donde amablemente atendieron a uno de nuestros compañeros sin que hayamos vuelto a saber de él.

Encontramos por azar a Agapito en un banco de la plaza echando de comer pedazos del BOE a un animado grupo de palomas muertas. Aunque va desnudo y totalmente untado de salsa barbacoa, se le ve una anciano entrañable y sociable. “A mí, como a cualquier buen varón, siempre me ha gustao el sexo con mujeres o, en su defecto, con tableros de conglomerado”, murmura Agapito a la par que ejecuta un afable gesto invitándome a lamer la salsa rojiza que gotea desde su escroto. “Practiqué el coito a la temprana edad de 48 años”, continúa nuestro protagonista de dulce y viscosa piel, “Me lo pasé tan bien, tan bien, que me pensé que eso no se podía repetir, que se hacía una vez y yastá“. Agapito rompe a llorar roto de dolor y no puedo más que consolarle ofreciéndome en matrimonio.

Acogedora habitación de estilo rural que Agapito me ha ofrecido para pasar unos días mientras ultimamos la boda.

“Cuando mi nieto me contó la verdad, que resulta que se puede repetir en esto del sexo tantas veces como uno quiera, me provocó bastante contrariedad y la creciente certeza de haber sido un gilipollas toda mi vida”, nos narra Agapito desde el interior de un bidón, “Al final asumí la realidad con positividad y perdoné a mi nieto a quien destripé varias veces, porque yo, a parte de varias condenas por asesinatos colectivos y secuestro violentos, soy un ciudadano que cree en el aprendizaje interior y el amor entre los seres humanos”. Agapito se levanta, me coge en volandas hasta su masía, me lanza sobre la cama del dormitorio y cierra la puerta tras de sí. ¿Es esta la pasión romántica de la que se habla en las clásicas novelas decimonónicas? Yo digo que sí.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s