Curso de filosofía lowcost sin aceite de palma.

Animado por mis padres y mi pediatra, he decido abrir una nueva sección en este exitoso blog que, a fecha de hoy, me ha revertido innumerables beneficios económicos hasta el punto de plantearme la posibilidad de adquirir 2 rollos de papel higiénico para pasar el año o incluso consumir alimentos todavía no en estado avanzado de putrefacción.

Foto reciente mía donde se hace patente mi lujoso tren de vida.

Siempre atento a las demandas de mi target comercial (adolescentes entre 40 a 65 años y el poderoso sector de ropa textil para mascotas), he inaugurado el curso «Contradicción a la filosofía». En entregas semanales cada 21’32 días intentaré desentrañar con exquisito rigor toda la complejidad de la ciencia del conocimiento, desde sus orígenes hace un montonazo de años hasta la actualidad o incluso más tarde.

Alejándome de la pomposidad académica, usaré un lenguaje comprensible, efectos especiales y tórridas escenas de sexo con profesores de autoescuela. No obstante, advierto que determinadas materias pueden requerir de cierto esfuerzo por parte de mis seguidores, a quienes recomiendo previamente echar un rápido vistazo a esta obra esencial de la filosofía para aumentar sus capacidades de comprensión.

En conclusión, tienes a tu disposición una oportunidad única para ampliar tus conocimientos en temas tan candentes en las tertulias televisivas como el No-Ser-En-Sí y la insoportable levedad de ciertos aparatos adquiridos en comercios chinos. Al final del curso, tus más personales preguntas existenciales quedarán resueltas, podrás enfrentarte a tu día a día con renovada seguridad y seguir fracasando, sí, pero con una estúpida sonrisa que pondrá nerviosos a tus crecientes enemigos. Pasen y lean: AQUÍ.

Se encuentra a sí mismo para pagar el alquiler a medias.

Ha ocurrido en Madrid, donde un joven con contrato precario, gracias a la filosofía y la meditación consigue ahora llegar a fin de mes duplicando sus ingresos.

Ambrosio Sigüenza, un treintañero barcelonés que huyó hace 3 años de Cataluña tras normalizarse el consumo de quinoa, nos recibe con una gran sonrisa y desnudo en su humilde piso sito en el barrio de Vallecas. Trabaja como becario en una importante empresa internacional dedicada a la exportación de pelo de barba para hipsters, ganando menos de 3000 Euros al mes. «Con ese salario apenas me llegaba para subsistir, ya que casi todo se me iba en costearme una vivienda y en embadurnarme el cuerpo con colorante alimentario, como les ocurre a todos los de mi generación», nos explica mientras se masajea las nalgas a 3 centímetros de la cámara.

Ambrosio ha optado por un estilo casual y cálido para decorar su piso.

Acuciado por las deudas económicas, la temporalidad laboral y un ventrículo de Benidorm que se había enamorado perdídamente de su axila izquierda, Ambrosio decidió dar un vuelco radical a su vida acercándose a los ambientes espirituales y filosóficos que caracterizan los bajos fondos de las grandes urbes. «Aunque no me he llevado nunca muy bien con mis padres por no pronunciar bien la hache aspirada, me apoyaron desde el principio con tal de que no les volviera a llamar», nos detalla visiblemente emocionado mientras le depilo el bello púbico. «Gracias a las lecturas de Schopenhauher, Platón y Teresa de Calcuta no sólo me hallé mi yo interior sino también un extraño bulto sebáceo en el intestino grueso», nos cuenta sin dejar de proyectar gotelé sobre un gato.

Teresiña, la tímida casera de Ambrosio, la cual prefirió no intervenir durante la entrevista.

«Estuve casi 6 meses seguidos, 24 horas al día, leyendo y leyendo todo lo que caía en mis manos sobre el Ser, la Nada, la Gnosis, el Demiurgo o la aerofagia, pero no encontraba mi yo interior, hasta que finalmente un señor muy amable de Cáceres me dió las indicaciones y resulta que estaba aquí al lado», nos relata Ambrosio usando marionetas. Desde entonces, comparte piso con su yo interior, quien además de darle conversación, cuidarle y lavarle los calzoncillos, aporta la mitad de todos los gastos corrientes. «Por fin puedo ahorrar para comprarme suficiente gasolina con la que pegarme fuego», murmura Ambrosio mirándonos fijamente a los ojos. Luego nos sirve un refrigerio consistente en una cáscara de plátano, varias chinchetas y un vaso lleno de líquido refrigerante. Se nota el sabor de la cocina casera, si bien algo pasado de sal para mi gusto.

Imagen del yo interior de Anselmo lavándose sus deseables axilas en el baño

«He estado muy solo mucho tiempo, agradezco mucho la compañía de mi yo interior, mucho mejor que esas voces… ¿Las oís? ¿oís las voces?… Tenemos nuestras malas rachas como cualquier pareja, especialmente cuando pasa la noche en vela a los pies de mi cama. Creo que me quiere matar. Sacadme de aquí, por favor…» Nos despedimos de Anselmo quien, jocoso, nos confiesa que realmente no ha sido él sino su yo interior quien nos ha concedido la entrevista. Luego se pone a bailar con su casera por el descansillo una canción de Torrebruno. Sin duda, su vida constituye un claro modelo de superación y auto-emprendimiento del que deberían tomar ejemplo las actuales generaciones, mal acostumbradas al ocio y al victimismo. Este periodista que os escribe se siente un privilegiado por haber compartido con él su hospitalidad y haber disfrutado de la proximidad de sus tersas y jugosas axilas.

Niño recibe en Reyes un concepto metafísico y se pasa al empirismo

Foto del niño tras desenvolver su regalo de Reyes

Unos padres de Zamora totalmente desolados tras conocer que su hijo ha decidido pasarse al empirismo tras sentirse bastante defraudado con el regalo de los Reyes Magos.

Aunque la mañana posterior a la noche de Reyes nos suele ofrecer siempre imágenes de niños alegres e ilusionados abriendo sus regalos, este año la tristeza y el desamparo han tintado el hogar de Felisa y Braulio, un matrimonio de Villalpando, dedicados a la cría de cerdos y la traducción de las obras de Heidegger.

«Este año quisimos gastarnos un poco más en los regalos de Reyes», nos comenta la madre, «Sabíamos que lo fácil era comprar un concepto marxista sobre la dialéctica antropológica porque es el regalo estrella de las navidades», añade el padre, «pero habíamos ahorrado para traer un concepto metafísico de gran pureza, no uno de esos fabricados en China». Son una familia humilde como atestigua el hecho de que su único medio de calefacción consiste en abofetearse al cruzarse por el pasillo de la casa.

«Cuando desenvolvió y abrió la caja, ya vimos en la carita de nuestro hijo que no le gustaba aunque disimuló y jugó un rato en un rincón montando ideas inconexas sobre la gnosis y el demiurgo», nos relata Felisa mientras me abofetea sin dejar de gimotear. «Lo que no esperábamos es que, horas más tarde, se declarara partidario del empirismo, específicamente de la corriente de Hume, sabiendo que aquí en el pueblo somos más de Platón», añade Braulio quien también se interesa por abofetearme.

Fotografía del niño jugando de forma apática con su concepto metafísico

«Creemos que está muy enfadado, lo hace para llamar la atención, ya pasó por un episodio kantiano en las vísperas de su cumpleaños y se empeñó en apagar las velas orinando la tarta», murmura la madre, «En esto ha salido a la familia de mi marido». Desde la habitación podemos escuchar al niño gritando contra el Ser entendido como proyección de la Causa Primera. Resulta desolador. «Yo he intentado razonar con él, aportándole sólidas argumentaciones socráticas o recordándole más a menudo que es muy gilipollas», concluye el padre tras soltarme otra sonora bofetada.