Matrimonio descubre que no se conocen de nada tras apagar la tele.

Sucedió anoche en Alcudia de Monteagudo. Los vecinos se alertaron al oír gritos de la pareja no coincidentes con una normal bronca de mutuo asco rutinario.

Fotografía de Rodolfo Villaescusa, sargento asignado en el caso.

Lourdes Vizcaya y Apolinario Sandoval llevan casados casi 8 años, poseen hasta 5 hijos y vivían risueños en un humilde pero acogedor piso situado junto al depósito de pesticidas de la cooperativa agrícola y psicotrópica. «Al parecer, nosotros éramos una pareja normal como muchas otras en el pueblo o en España», nos cuenta él mientras se inyecta peyote, «Teníamos nuestras rachas malas, muchas más peores e incluso conatos de autodestrucción suicida porque yo me doy mucho asco, ¿sabe?, mucho asco…» Lourdes intenta, sin éxito, tranquilizar a su marido lanzándole el horno. «Un día nos pusimos el Nerflich ése y empezamos a ver series», continúa ella mientras se afeita, «Después de ver una, seguía otra, luego otra… Yo no sé el tiempo que estuvimos viendo series, menos mal que los niños ya tienen una edad en que se valen solos», suspira sin dejar de empujar con un palo el cuerpo frío de uno de ellos tirado en la cuna.

Retrato del padre de Lourdes que corona el salón de la vivienda

Quiso la fortuna y los escasos recursos económicos de esta familia que anoche cortaran el suministro de luz a la vivienda, interrumpiendo así felizmente la emisión televisiva y el suministro de oxígeno a su anciano suegro, quien llevaba meses peleando contra las secuelas de una complicada operación de implante mamario. Total para nada. «El fallecimiento de mi suegro fue un duro golpe para nosotros, sobre todo porque el camión de la basura que recoge mobiliario sólo pasa los jueves y estamos a sábado», nos narra Apolinario inexplicablemente escondido detrás del bidé. «Por culpa de habernos tragado tantas series y quizá un poco también por el consumo ininterrumpido de diversas drogas, nos habíamos olvidado como matrimonio, nos eramos extraños, nos asustamos…», detalla Lourdes a la pared ejecutando un complicado paso de breakdance con maracas.

Las dos preciosas mascotas de la familia, Trosky y Schoppenhauer.

«Nos queda siempre la compañía de nuestras mascotas», cuenta
Apolinario desde dentro del inodoro , «aunque son bastante tímidas… ¡Trosky, Schoppe… Venid a saludar a estos señores!… Siempre están en la cocina…» Le pido que deje de llamarlas. «Que no, ya verá… ¡Trosky, Schoppe, venid por favor!… No me hagáis esto… ¿También os doy asco a vosotros, eh?… Por favor, venid, por favor…» Milagrosamente las dos mascotas llegan volando como arrojadas por alguien y Apolinario las acaricia de forma compulsiva e indudablemente sexual. Lourdes sale de la cocina con mirada esquiva comiéndose un bocadillo de calamares y Diazepán rebozado. «Estamos pensando en apuntarnos a una terapia de pareja para reaprender a conocernos, ahora estamos viviendo un segundo noviazgo, descubriéndonos como personas o geranios, todavía no está claro esto», nos anuncia Apolinario antes de saltar por la ventana. Dado que es una primera planta, no parece haberse dañado aunque se hace el muerto, ocasión que aprovechan varios curiosos para despojarle de su ropa interior.

Desde este periódico concertamos una entrevista con el presidente del Colegio de Psicología y Quiromancia de Albatera para conocer su opinión clínica sobre este caso, pero nos equivocamos de tren y acabamos en Ciudad Juárez. Si alguien está leyendo esto, avisad a mi mujer de que no me espere para cenar hoy ni posiblemente todo este semestre.

El trauma de las parejas actuales al descubrir que son ellos los reyes magos.

Pareja traumatizada por la vigencia de la metafísica kantiana

La cada vez más tardía edad en independizarse del hogar materno y el sobreproteccionismo en la educación de los hijos, está provocando en las nuevas generaciones de parejas una crisis traumática coincidiendo con la celebración de los Reyes Magos, al descubrir que son ellos mismos.

«Después de casarnos, nos llevamos un chasco en la noche de Reyes al no encontrar nuestros regalos», nos explica Juan B., un treintañero de Zaragoza que trabaja como Quality Manager para una importante firma de supositorios. «Pasamos todo el día buscando por la casa, pero al llegar la noche acabamos aceptando que no estaban», añade su esposa, Anselma F., una inmigrante catalana recién afincada en España tras cruzar ilegalmente el Ebro.

Según el Centro de Psicología de la Familia y Cestería con Esparto, se están incrementando exponencialmente las consultas de matrimonios jóvenes aquejados de un cuadro depresivo cuyo detonante es la típica festividad infantil de estas fechas navideñas. «Los casos se están disparando de forma alarmante», nos confirma su director, Wilfredo Furiase, mientras teje unas alforjas, «hemos pasado de 2 casos al mes a casi 3 o incluso 2 completos».

«A mi me llamó mi hijo lloriqueando, preguntándome que qué pasaba con los regalos, que se había portado bien pero no había recibido nada», nos cuenta el padre de uno de estos jóvenes, «fue muy duro tener que explicarle que ahora le tocaba a él ser el rey mago, es muy niño todavía, hubiera preferido esperar un poco más, no ha hecho ni los 40 años, joder».

El portavoz del gobierno para Asuntos de Distracción ya se ha comprometido a destinar una partida económica para afrontar este drama e incluso constituir el Instituto para la Defensa de la Ilusión. «Pero, claro, la oposición nos tiene bloqueados los presupuestos, demostrando una vez más un total desprecio por los derechos de las minorías», ha comentado durante una mariscada en casa de un conocido capo.