Nuevas travesuras de Augusto Espinardo

Como habrán comprobado ustedes, lisérgicos lectores, he tenido bastante desatendido este blog, pero no ha sido por motivos baladíes. Hace aproximadamente diez días me enzarcé en una necesaria pelea a puñetazos contra una pandilla de violentos agentes de la propiedad inmobiliaria quienes, durante una tranquila reunión de nuestro club de lectura del BOE, cuestionaron que Dios, en tanto que existiere, debería tributar el triple en proporcionalidad a su esencia como Santísima Trinidad. Comprenderán ustedes que la cuestión tiene la suficiente enjundia como para no pasarla por alto, considerando además que la exégesis y la presión fiscal constituyen la controversia más candente entre nuestros jóvenes. ¿Qué clase de ejemplo hubiera dado a las nuevas generaciones si me hubiera mostrado tibio ante tal afrenta?

Foto del típico agente de la propiedad inmobiliaria del levante español.

Gracias a mi excelente forma física (realizo no menos de 2 flexiones diarias) y a mis conocimientos magistrales en una mezcla libre de Kung Fu y jota andorreña que yo mismo he creado, salí indemne de aquella reyerta a excepción de una leve perforación del pulmón izquierdo y la pérdida total del riñón o el páncreas (ahora no lo recuerdo), mientra que mis adversarios salieron francamente despeinados. Por otro lado, el Día de la Madre también me ha tenido ocupado; aún sabiendo que representa una fiesta meramente comercial, me gusta aprovechar la señalada fecha para darme otra vuelta por las gasolineras comarcales con la renovada esperanza de acordarme en cuál de ellas abandoné a mi procreadora.

Retrato robot de mi madre realizado por mí.
Si la reconocen, dejen recado en la panadería de Carmen.

En conclusión, sólo he dispuesto de tiempo para deletrear correctamente mi nombre y actualizar el relato de Augusto Espinardo, agregando un par de nuevos episodios AQUÍ. Terminaré, no obstante, haciéndoos un llamamiento para que vayáis a votar en las elecciones generales que se celebrarán mañana o pasado: en nuestra mano está frenar el avance vergonzoso de los tomistas zurdos.

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Se afeita la perilla y resulta ser una escobilla del váter

Ha ocurrido en Villafranca de los Barros, donde un señor decidió quitarse la barba que llevaba desde hacía 25 años, y ahora está como distinto, no parece él.

Fotografía reciente del sujeto, que presenta algunos rasgos no humanos.

Doña Arundina Gómez llora lastimosa en un rincón de su salita, sólo consoloda por sus 24 hijos y un ingeniero agrónomo que no tenía nada mejor que hacer esa tarde. Esta sencilla mujer cejijunta afectada por una indescriptible alitosis, jorobada y con un rugoso lunar en la zona púbica, ha visto desmorronarse su vida delante de sus ojos de un día para otro. “Nosotros somos gente normal, nos dedicamos al ganado, al campo, que es muy duro, y a la fusión fría de isótopos de selenio mediante un humilde reactor que tenemos en el sótano”, nos narra mientras realiza un trasplante de riñón al ministro de Hacienda, “Pero mi marido se empeñó en afeitarse la perilla para nuestras bodas de plata… Ay, dios mío, qué desgracia, qué desgracia”, murmura entre sollozos dando una voltereta que es merecedora de un 9’8 por varios jueces y la ovación del público.

Imagen del psiquiatra albaceteño que está llevando el caso.

La fatídica tarde de ayer, Don Milciades García, tras finalizar su rutinaria jornada como testeador de antibióticos experimentales, volvió a casa con la inamovible convicción de afeitarse la perilla, haciendo oídos sordos a sus compañeros de trabajo e incluso a su ginecólogo. “Tampoco creo que sea para tanto”, fueron las últimas palabras que pronunció antes de comenzar a rasurarse, según nos narra el único testigo presencial de aquel suceso: su mejor amigo, una zapatilla vieja. “Bien es verdad que nuestras relaciones sexuales han mejorado considerablemente”, nos explica Doña Arundina, “ahora tengo orgasmos más intensos sin necesidad de amputarme falanges, y también ha mejorado nuestro grado de comunicación… Bueno, también nuestra higiene corporal, y nuestra salud física y la estabilidad económica familiar… Pero yo añoro a mi marido mucho porque lo pone en este papel que usted me ha escrito y por la paga que recibía de asuntos sociales”. Me abraza desesperadamente buscando comprensión y calor humano, aunque aprovecha para robarme la cartera y medio kilo de cocaína pura que, casualmente, siempre suelo llevar encima. Toda esta situación me recuerda a aquella vez que me quedé encerrado en un ascensor con varios asesores financieros que me susurraron al oído varias secciones de la ley general tributaria eróticamente.

Imagen borrosa de un señor adormilado, no relacionada con el artículo pero fíjate.

Si bien un vecino insiste en que Don Milciades simplemente se marchó unos días al pueblo y que la escobilla del váter ya estaba ahí, sólo un desalmado no empatizaría con la tragedia que oscurece este hogar español, ya que nos recuerda que esto podría pasarnos a cualquiera, sin importar posición social, bandera o la marca de enjuague bucal que uses. Desde nuestra redacción hemos intentado contactar con el Vaticano para conocer su opinión teológica sobre este caso y sus repercusiones en el concepto católico de “matrimonio”; no obstante, el nuncio italiano ha preferido guardar silencio consciente de las implicaciones sociales del tema y por el hecho de que, literalmente, “ahora me pillas a tope con el vicio, gilipollas”. Personalmente, no volveré a usar una escobilla del váter sin besarla antes y dedicarle una larga mirada de afecto. Qué menos.

Cura abandona los hábitos al saber que los 10 mandamientos iban en serio.

Ha sucedido en la pedanía de Villarco Ríoseco; ayer mismo el párroco presentó su renuncia ante el nuncio entre risas.

Acceso principal a la pedanía, con el consistorio a la derecha

Don Edelmiro Briones llevaba impartiendo misa en el pueblo desde hacía más de 18 años, actividad que compaginaba con diversas obras benéficas como la promoción de un albergue para usuarios de Internet Explorer y una fábrica de supositorios con sabores. En el pueblo era muy querido por sus numerosos feligreses (3 ancianas y el cadáver de un turista valenciano), quienes, por su carácter pío y tímido, le habían asignado el cariñoso mote de “Valiente subnormal”. Pero todo este idílico paisaje se tornó sombrío tras la irrupción del obispo de Sigüenza, en visita protocolaria por la zona para beatificar medio kiwi y comprar tabaco. Durante la rutinaria reunión matutina de los dos eclesiásticos en la que intercambiaban burlonamente secretos de confesión, el obispo inquirió al párroco respecto a sus obligaciones con los 10 mandamientos bíblicos, a lo que éste respondió estallando en una sonora carcajada más una desafortunada imitación del sumo pontífice travestido.

Fotografía del obispo en el acto de toma de posesión de su cargo.

Tras casi 3 horas riéndose y diversos chascarrillos bastantes incómodos relativos a la Virgen María ante la severa mirada de desaprobación del obispo, Don Edelmiro comprendió que la cosa iba en serio, por lo que decidió subirse los pantalones y pedir a las prostitutas y al concejal de urbanismo que abandonaran el altar. “Todos hemos cometido pecadillos alguna vez en la vida”, nos relata el obispo, “Yo mismo en alguna ocasión he comido más de lo que la austeridad cristiana mandata o incluso me he excedido en el consumo de peyote, por eso siempre he disculpado a nuestro pastor Don Edelmiro a ojos de nuestro Señor. Pero, eso sí, los 10 mandamientos constituyen las reglas básicas de nuestro negocio, junto a los conocidos acuerdos con la mafia calabresa y el tratado ecuménico de no agresión a los negratas”, nos aclara el obispo mientras me bendice con el dedo que acaba de introducirse en el ano.

Imagen del patrón beatificado de la comarca, el perro de Santa Eulalia.

“Lo de gestionar el tráfico de estampitas de Lourdes para rayar farlopa o lo de santiguar abortos de las hijas putillas de la alta burguesía, eran los habituales menesteres religiosas que uno podía ejercer muy bien”, nos confiesa el párroco mientras continúa posando para la sesión fotográfica de Hustler, “Pero lo de los 10 mandamientos, ¡anda, no me jodas! ¿Estamos locos o qué?… ¿Quién se va a meter en esto con esas normas, gilipollas?”, pregunta al crucifijo sin dejar de reírse socarónamente. Le acompañamos hasta su humilde Maserati modelo Gibhli, y nos va desgajando sus planes de futuro. “Gracias a mi experiencia profesional en la Iglesia, ya he recibido varias ofertas como portero de macrodiscoteca en Ibiza, aunque no descarto retirarme a algún remoto convento y retomar allí mi carrera como espectacular vedette“, nos detalla tras escupirme en la cara. “Ya ves, dejo los hábitos para volver a los vicios”, grita haciendo el signo de las comillas ya desde dentro del maletero del coche. En el pueblo los muy devotos habitantes, incapaces de superar su ausencia, no han tardado en reemplazarle por la reproducción hiperrealística de un intestino grueso a escala humana.

Poesía y mocos

Esta semana he tenido el gran placer de volver a subir a un escenario y, extrañamente, en esta ocasión no ha sido durante una feria de monstruos circenses. Acompañándome de un gran amigo y mejor organismo multicelular no crustáceo que conozco, pude otra vez deleitar con poemas y música a un público entregado al poder cuasi narcotizante de mi declamación, a pesar de un defecto en el labio que me impide pronunciar las letras ere, eme y uve, y las vocales u y a, además de provocarme un incesante babeo viscoso. Los asistentes alcanzaron un grado orgiástico tal de unión con nuestro espectáculo lírico, que nos colmaron con toda clase de presentes e incluso menos de un 30% de los objetos lanzados resultaron cortantes. Una madre no dudó en ofrecernos su primogénito como ofrenda, detalle que declinamos al comprobar que era pelirrojo; el propio concejal de cultura trató de agasajarnos realizando un baile erótico sobre una barra metálica, pero sólo sirvió para confirmar que a partir de los 60 años la piel pierde gran parte de su propiedad deslizante. ¿Hacia dónde nos lleva la política actual del país si las nalgas de nuestros representantes bambolean flácidas?

Imagen del concejal al comenzar su danza sensual. Besa muy bien.

En contraposición a este breve intermedio de fama y gloria, caí gravemente enfermo aquejado de un fuerte constipado o ébola, todavía no se sabe bien, pendiente de los análisis que deben llegar a mediados del año 2032. Eso sí, he recibido los cariñosos cuidados de mi amada esposa, a quien no le tembló el pulso para abandonar rauda el hogar familiar porque, según sus propias sanantes palabras, “ya das bastante asco de normal”. No obstante, antes de marcharse me aplicó todo su saber en medicina tradicional, consistente en frotar sobre mi pecho varios manojos de ortigas y carcajear cada vez que yo tosía sangre.

Escenificación del momento en el que recibí la visita de mi padre durante mi agonía.

Aunque ya me encuentro mucho mejor, no negaré que las secuelas físicas son evidentes y, probablemente, este verano no conseguiré protagonizar la portada de la revista Men’s Health. En conclusión, querido lector, sólo me cabe invitarte a disfrutar la lectura sobre las andanzas de Augusto Espinardo, el Community Manger de Jesucristo, cuyos nuevos episodios nos deparan aventuras y malestar gastrointestinal como podéis comprobar AQUÍ.

Anciano deprimido tras saber que el sexo no se practica una única vez.

Agapito Fuenlabrada descubre en su nonagésimo cumpleaños que el coito se puede tener en más de 1 ocasión durante la vida.

Agapito, muy incómodo después de la noticia

En la tasca de la pequeña aldea vallisoletana de Medina del Glande no se habla de otro asunto más que lo acaecido al pobre Agapito días atrás, hasta el punto de que ya todos parecen haber olvidado la anterior polémica sobre los flirteos de doña Engracia con nuevos diseños del macramé y el BDSM post-marxista. “Este es un pueblo tranquilo donde nos gusta vivir en paz”, nos cuenta el dueño del bar, Don Alfonso Medrano, “A excepción de la gloriosa masacre contra un grupo de turistas británicos del pasado año, aquí buscamos la tranquilidad y el respeto… Ja, ja, cómo gritaban esos cerdos ingleses”, añade provocando la risa cómplice de los demás parroquianos. “La culpa de lo ocurrido con Agapito es de su nieto, que vino a pasar el cumpleaños y provocó esta conmoción que nos tiene algo indignados”, explica el alcalde de la pedanía, Don Paco Pertusa, “Somos personas de mente abierta y progresista, especialmente desde que recuperamos la Santa Inquisición hace 3 meses”, subraya mientras incendia una pira a la que han atado a varios veganos. “Lárgate, tontoelculo, o te cortamos el puto cuello, periodista de mierda”, me increpan varios vecinos, lo que me hace pensar que quizá no les ha resultado adulador que resalte su parecido con cromañones sifilíticos.

Oficina de turismo del pueblo, donde amablemente atendieron a uno de nuestros compañeros sin que hayamos vuelto a saber de él.

Encontramos por azar a Agapito en un banco de la plaza echando de comer pedazos del BOE a un animado grupo de palomas muertas. Aunque va desnudo y totalmente untado de salsa barbacoa, se le ve una anciano entrañable y sociable. “A mí, como a cualquier buen varón, siempre me ha gustao el sexo con mujeres o, en su defecto, con tableros de conglomerado”, murmura Agapito a la par que ejecuta un afable gesto invitándome a lamer la salsa rojiza que gotea desde su escroto. “Practiqué el coito a la temprana edad de 48 años”, continúa nuestro protagonista de dulce y viscosa piel, “Me lo pasé tan bien, tan bien, que me pensé que eso no se podía repetir, que se hacía una vez y yastá“. Agapito rompe a llorar roto de dolor y no puedo más que consolarle ofreciéndome en matrimonio.

Acogedora habitación de estilo rural que Agapito me ha ofrecido para pasar unos días mientras ultimamos la boda.

“Cuando mi nieto me contó la verdad, que resulta que se puede repetir en esto del sexo tantas veces como uno quiera, me provocó bastante contrariedad y la creciente certeza de haber sido un gilipollas toda mi vida”, nos narra Agapito desde el interior de un bidón, “Al final asumí la realidad con positividad y perdoné a mi nieto a quien destripé varias veces, porque yo, a parte de varias condenas por asesinatos colectivos y secuestro violentos, soy un ciudadano que cree en el aprendizaje interior y el amor entre los seres humanos”. Agapito se levanta, me coge en volandas hasta su masía, me lanza sobre la cama del dormitorio y cierra la puerta tras de sí. ¿Es esta la pasión romántica de la que se habla en las clásicas novelas decimonónicas? Yo digo que sí.

ArtNoir y tampax

Hoy ha sido un día especialmente extraño aunque sumamente productivo desde el punto de vista laboral: incluso el jefe comentó durante el café matutino la posibilidad de reconsiderar su decisión de sustituirme por una maceta de geranios; luego estalló a reír con tales temblores que no he conseguido ejecutarle la felación al ritmo establecido por convenio colectivo. Creo que en el fondo me admira.

Sin embargo, al llegar a casa mi pareja estaba especialmente alterada porque le había bajado la regla o porque uno de los niños lleva una semana sin aparecer, ahora no lo recuerdo. En un gesto de sintonía con los actuales tiempos de empatía hacia la igualdad de género, me he solidarizado con su malestar provocándome dolores similares a las molestias menstruales mediante la ingesta de varias galletas dietéticas de arroz. Al parecer ella no sólo ha despreciado mi sacrificio tachándolo de “otro claro ejemplo de imbecilidad supina”, sino que me ha afeado el hecho de llevar el escroto por fuera del pantalón. En un desesperado intento por mi parte para evitar una nueva discusión matrimonial, le he ofrecido elegir cualquier regalo por nuestro aniversario de bodas, a lo que ha respondido que llevamos divorciados 3 años y que, por favor, desaloje el bajo mueble de su cocina donde acostumbro a pernoctar.

Mujeres… Adorablemente caóticas e incomprensibles.

Imagen de los genitales femeninos durante el proceso de menstruación.

Todo apuntaba a que este miércoles terminaría siendo otro día rutinario salpicado de decepción, desencanto y desodorante, cuando he recibido la ilusionante noticia de que mis relatos teológicos vuelven a incluirse en la revista ArtNoir. Este obra reúne a un buen número de geniales autores, quienes destacan artísticamente gracias tanto a la originalidad de sus creaciones como a su singular capacidad de distinguir sus propias extremidades de las extremidades de otra persona, por más parecidas o cerca que éstas se hallen. Todo el mérito y consiguientes reclamaciones judiciales de semejante proyecto deben dirigirse a Rafa Marco, excelente persona, gran escritor y mejor stripper al ritmo de jotas aragonesas.

Foto profesional de Rafael Marco en su perfil de Linkedin.

En definitiva, queridos lectores, les conmino a suscribirse a la revista ArtNoir, que además es totalmente gratuita, precio insultante considerando la calidad que atesoran sus páginas y su emocionante acto suicida de publicitar emociones sin más ánimo que mantener viva la creatividad y los sueños. Qué sinsentido todo. Este próximo sábado saldrá a la luz digital el número 3, pero pueden ir recreándose con los dos números anteriores, que probablemente sean el 2 y el 1 si no me fallan mis cálculos. Por mi parte, he de retirarme a mis aposentos con la esperanza de que mi pareja no me descubra si vuelve de madrugada a la cocina.

Imagen de la revista donde se atisban fragmentos de mis “Evangelios apócrifos”.

Se demanda a sí mismo por perjuicios en su propia vida

Ha ocurrido en el pequeño pueblo tejano de Almuñécar, donde un imbécil ha planteado un pleito sin precedentes contra sí mismo argumentando que ha arruinado su propia existencia de forma alevosa. Lo que hay que leer, joder.


Imagen de los juzgados norteamericanos donde se ha registrado la demanda

Jack Jackson Gutiérrez siempre se definió como un loser sin grandes aspiraciones, que subsistía de la beneficencia y de la grasa adherida detrás de la campana extractora de su asquerosa vivienda ubicada en el barrio del Bronx, Plaza del Carmen. Es un tipo que cae mal a simple vista. Dejando de lado mi faceta como periodista, os juro que yo le partía la cara, os lo digo así para quede claro desde un principio. “Tanto a lo largo de mi tierna infancia hasta mi adolescencia siempre me han ido las cosas de mal en peor, no terminé los estudios, no encontré trabajo porque caí en el consumo de fruta escarchada, tampoco encontré mujer que encajara con mis gustos sencillos como frotarme una alcachofa por la axila o acudir a los entierros disfrazado de orinal”, nos cuenta Jack, el muy idiota, con su boca que da asco verla.


Los padres de Jack , que declinaron opinar sobre su hijo. No me extraña porque es gilipollas.

El prestigioso despacho de abogados y aderezo de encurtidos, Cravath, Swaine & Botijo, está representando a Jack (el idiota) en este proceso judicial, que ya ha pasado la primera etapa al ser admitida la demanda a trámite en el condado de Caravaca de la Cruz. “Es un caso muy complejo”, nos explica su presidente y socio fundador, Michael Peralta, mientras marca a fuego a varios mejicanos de su plantación, “Desde un punto de vista legal no contamos con una base sólida, aunque la posibilidad de sacarle pasta a otro pringao me pone cachondo”, concluye atizándome rítmicamente los mofletes con su semierecto pene blanquecino durante media hora. A causa de los golpes me desmayo unos segundos; bajo mi estado de inconsciencia vuelvo a recrear esa pesadilla en el que un pedagogo me obliga a recitar al revés el abecedario delante de varios miembros de la RAE, quienes me arrojan puñados de altramuces resecos.


Foto familiar de los Jacksons durante la comunión de Jack (el tontaco)

“Después de reflexionar, comprendí que el único culpable de mi desastrosa situación biográfica no era este gobierno insolidario o el salvaje caos despiadado intrínseco a la apisonadora capitalista “, nos dice Jack gesticulando con sus aires de estúpido pretencioso de mierda, “Comprendí que el único culpable era yo mismo, por lo que decidí demandarme, me reclamo más de 120 dólares en concepto de daños materiales y menoscabo emocional”, añade con una sonrisa de cerdo satisfecho. Me contengo para no romperle en la cabeza el fregadero inoxidable que casualmente llevo bajo la chaqueta. “¿Te das cuenta, Jack, de que a fecha de hoy llevas gastados en el proceso judicial más de 60000 dólares y que, incluso ganando, te tocaría a ti indemnizarte a ti mismo”, le inquiero educadamente. “Mira, esto no es una cuestión de dinero, sino de resarcimiento moral y ético”, me responde con calma. Yo no puedo quitar los ojos de su nariz, porque tiene unos pelitos de esos negros pequeños y afilados asomando por la punta. Intento exponerle otros argumentos reflexivos con la ayuda de un hacha, pero me detienen mis compañeros, me sientan al suelo, me calman y luego trasladan sus respetos a Jack contundentemente usando un taladro, una picadora de carne y un diccionario ilustrado Sopena. No contengo mi risa al ver brotar su apestosa sangre a pesar de que está manchando una preciosa alfombra confeccionada a mano. Creo que todavía me queda un bono descuento de la tintorería. En cualquier caso, ha valido la pena.

Eutanasia y pistachos cerrados

Como habrán comprobado mis casi ochenta mil seguidores, estos días he abandonado un poco este blog, pero fue por motivos desgraciadamente luctuosos. Por un lado, tuve que tomar la dolorosa decisión de sacrificar al gato, desahuciado a causa de las terribles secuelas de un probable accidente de tráfico y la visión de una película musical para adolescentes. En casa hemos pasado una etapa lúgubre que incluso ha llevado a nuestro hijo de 6 años a no aplicar la dialéctica marxista durante la confección de figuras de plastilina.

Foto escolar de nuestro vástago, totalmente sumido en la depresión

Por otro lado, tuve que abandonar mis quehaceres matrimoniales varias noches para dedicarme a abrir un pistacho que, de una forma no explícita, me estaba retando con su cerrazón y silencio. Aunque mi pareja inicialmente no me apoyó en este reto, luego me ofreció su respaldo marchándose de casa con el profesor de bailes regionales para que me dedicara a esta labor olímpica en exclusividad. Se ha llevado además los ahorros de toda nuestra vida (5,21 €) para que no me distraigan los temas pueriles y pueda profundizar en el ascetismo. Por ahora me estoy alimentando chupando los cables del módem, aunque en momentos de desesperación incluso he valorado probar una galleta dietética de arroz.

Mi pareja, en una pose sumamente erótica, hace unos meses.

En compensación a este abandono, os he añadido otro capítulo del relato sobre Augusto Espinardo, el Community Manager de Jesucristo, que podéis leer pinchando AQUÍ y que, sinceramente, espero que os ayude a situaros ante vuestras íntimas dudas teológicas respecto a los pelillos de las orejas. Por mi parte, seguiré valorando la posibilidad de salir del armario de la cocina donde llevo 2 semanas encerrado, esperando que se marchen los propietarios de la vivienda. ¿Es esto una vida plena? Yo digo SÍ.

Matrimonio descubre que no se conocen de nada tras apagar la tele.

Sucedió anoche en Alcudia de Monteagudo. Los vecinos se alertaron al oír gritos de la pareja no coincidentes con una normal bronca de mutuo asco rutinario.

Fotografía de Rodolfo Villaescusa, sargento asignado en el caso.

Lourdes Vizcaya y Apolinario Sandoval llevan casados casi 8 años, poseen hasta 5 hijos y vivían risueños en un humilde pero acogedor piso situado junto al depósito de pesticidas de la cooperativa agrícola y psicotrópica. “Al parecer, nosotros éramos una pareja normal como muchas otras en el pueblo o en España”, nos cuenta él mientras se inyecta peyote, “Teníamos nuestras rachas malas, muchas más peores e incluso conatos de autodestrucción suicida porque yo me doy mucho asco, ¿sabe?, mucho asco…” Lourdes intenta, sin éxito, tranquilizar a su marido lanzándole el horno. “Un día nos pusimos el Nerflich ése y empezamos a ver series”, continúa ella mientras se afeita, “Después de ver una, seguía otra, luego otra… Yo no sé el tiempo que estuvimos viendo series, menos mal que los niños ya tienen una edad en que se valen solos”, suspira sin dejar de empujar con un palo el cuerpo frío de uno de ellos tirado en la cuna.

Retrato del padre de Lourdes que corona el salón de la vivienda

Quiso la fortuna y los escasos recursos económicos de esta familia que anoche cortaran el suministro de luz a la vivienda, interrumpiendo así felizmente la emisión televisiva y el suministro de oxígeno a su anciano suegro, quien llevaba meses peleando contra las secuelas de una complicada operación de implante mamario. Total para nada. “El fallecimiento de mi suegro fue un duro golpe para nosotros, sobre todo porque el camión de la basura que recoge mobiliario sólo pasa los jueves y estamos a sábado”, nos narra Apolinario inexplicablemente escondido detrás del bidé. “Por culpa de habernos tragado tantas series y quizá un poco también por el consumo ininterrumpido de diversas drogas, nos habíamos olvidado como matrimonio, nos eramos extraños, nos asustamos…”, detalla Lourdes a la pared ejecutando un complicado paso de breakdance con maracas.

Las dos preciosas mascotas de la familia, Trosky y Schoppenhauer.

“Nos queda siempre la compañía de nuestras mascotas”, cuenta
Apolinario desde dentro del inodoro , “aunque son bastante tímidas… ¡Trosky, Schoppe… Venid a saludar a estos señores!… Siempre están en la cocina…” Le pido que deje de llamarlas. “Que no, ya verá… ¡Trosky, Schoppe, venid por favor!… No me hagáis esto… ¿También os doy asco a vosotros, eh?… Por favor, venid, por favor…” Milagrosamente las dos mascotas llegan volando como arrojadas por alguien y Apolinario las acaricia de forma compulsiva e indudablemente sexual. Lourdes sale de la cocina con mirada esquiva comiéndose un bocadillo de calamares y Diazepán rebozado. “Estamos pensando en apuntarnos a una terapia de pareja para reaprender a conocernos, ahora estamos viviendo un segundo noviazgo, descubriéndonos como personas o geranios, todavía no está claro esto”, nos anuncia Apolinario antes de saltar por la ventana. Dado que es una primera planta, no parece haberse dañado aunque se hace el muerto, ocasión que aprovechan varios curiosos para despojarle de su ropa interior.

Desde este periódico concertamos una entrevista con el presidente del Colegio de Psicología y Quiromancia de Albatera para conocer su opinión clínica sobre este caso, pero nos equivocamos de tren y acabamos en Ciudad Juárez. Si alguien está leyendo esto, avisad a mi mujer de que no me espere para cenar hoy ni posiblemente todo este semestre.

Chascarrillos teológicos de Augusto Espinardo

Hoy ha sido complicado a causa del debate parlamentario sobre la cuestión presupuestaria, el futuro incierto abierto por la previsible convocatoria de elecciones generales y la posibilidad de que, en realidad, yo no sea la cumbre de la perfección física masculina de las última tres décadas. Este último punto todavía no se ha dilucidado, pero sigo investigando.

Reciente fotografía de Scarlett Johansson o el ex-presidente popular Hernández Mancha

Por otro lado, además tenemos el crujiente asunto del movimiento independentista catalán que (seamos sinceros) a todos empieza a cansarnos, en tanto que está afectando de lleno al fluctuante precio de los puerros, por más que los CDR quieran ocultarlo maliciosamente.

Frente a semejante panorama, poco nos queda a los delicados espíritus humanistas que todavía creemos en la igualdad de las personas, el respeto por los animales e incluso por las mujeres. No obstante, no debemos dejarnos vencer bajo la presión de un futuro incierto en el que cada vez tiene menos cabida la reivindicación utópica que, históricamente, han perseguido las almas sensibles: Que nos dejen tranquilos en pijama.

Foto de otra típica familia implicada en el tráfico de órganos en Guatemala.

En síntesis, os recomiendo encarecidamente que os refugiéis en la lectura de las tropelías de Augusto Espinardo, de quien hoy tenemos unos nuevos capítulos sobre su azaroso devenir trashumando por el submundo de la religión y otros esteróides, tal como se detalla AQUÍ.

No te metas eso en la boca que te va a sentar mal. – Marie Curie a su marido mientras guardaban unas muestras de polonio.